martes, 10 de octubre de 2017

A ellos...

A ellos les diría que no crezcan tan rápido. Ya habrá tiempo de ser GRANDES. Que aprovechen y vayan descalzos, jueguen con barro, inventen mil historias y se emocionen con cada pequeña cosa que pase a su alrededor. Que aunque se hagan mayores, nunca pierdan su magia. Ni las ganas de descubrir, crear y jugar. 

Les diría que la vida pasa muy deprisa y que habrá momentos en los que se decepcionen, se equivoquen y no sepan hacia donde quieren ir. Pero ojalá que lo vean como algo normal. Porque sentirse frustrado, perdido y enfadado forma parte de nuestros sentimientos y que si no conociéramos esas emociones, no sabríamos darle la importancia que se merece a la felicidad o la satisfacción.

También les diría que en algunos momentos se sentirán juzgados. Y no siempre será de una forma constructiva, pero lo más importante es que sean felices y que sigan a su corazón. Que pongan muchas ganas en todo lo que hagan. Así es como surgen las mejores cosas. Y que sean consecuentes con sus pensamientos y actos. Les diría que nunca es demasiado tarde para pedir perdón.

Me gustaría que fueran empáticos y dejasen a los demás expresarse. Parece mentira, pero muchas veces, creemos que nuestra opinión es única e indiscutible, y no entendemos lo enriquecedor que es escuchar las opiniones de los demás. Luego, ya sacareis vosotros vuestras propias conclusiones.

Les diría que viajen. Todo lo que puedan. Eso ennoblece el alma y abre la mente.

Pero, sobre todo, les diría, que vivieran día a día, que sean inconformistas. El mundo está en continuo cambio y nosotros también debemos evolucionar. Que no les teman a los retos y que los afronten con una sonrisa. 

Que con una sonrisa todo es mucho mejor. 





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