A ellos les diría que no crezcan tan rápido. Ya
habrá tiempo de ser GRANDES. Que aprovechen y vayan descalzos, jueguen con
barro, inventen mil historias y se emocionen con cada pequeña cosa que pase a
su alrededor. Que aunque se hagan mayores, nunca pierdan su magia. Ni las ganas
de descubrir, crear y jugar.
Les diría que la vida pasa muy deprisa y que
habrá momentos en los que se decepcionen, se equivoquen y no sepan hacia donde
quieren ir. Pero ojalá que lo vean como algo normal. Porque sentirse
frustrado, perdido y enfadado forma parte de nuestros sentimientos y que si no
conociéramos esas emociones, no sabríamos darle la importancia que se merece a
la felicidad o la satisfacción.
También les diría que en algunos momentos se
sentirán juzgados. Y no siempre será de una forma constructiva, pero lo más
importante es que sean felices y que sigan a su corazón. Que pongan muchas ganas en todo lo que hagan. Así es como surgen las mejores cosas. Y que
sean consecuentes con sus pensamientos y actos. Les diría que nunca es demasiado tarde
para pedir perdón.
Me gustaría que fueran empáticos y dejasen a
los demás expresarse. Parece mentira, pero muchas veces, creemos que nuestra
opinión es única e indiscutible, y no entendemos lo enriquecedor que es
escuchar las opiniones de los demás. Luego, ya sacareis vosotros vuestras
propias conclusiones.
Les diría que viajen. Todo lo que puedan. Eso ennoblece el alma y abre la mente.
Pero, sobre todo, les diría, que vivieran día a
día, que sean inconformistas. El mundo está en continuo cambio y nosotros también debemos evolucionar. Que no les teman a los retos y que los afronten con una sonrisa.
Que con una sonrisa todo es mucho mejor.
Que con una sonrisa todo es mucho mejor.


No hay comentarios:
Publicar un comentario