martes, 6 de febrero de 2018

QUERIDO ENERO, casi me olvido de tu carta, y eso que has sido un mes de todo menos aburrido. 
Llegaste en familia, entre fiestas, comilonas, uvas, brindis y buenos propósitos de esos que crecen cada día un poquito más. Con tardes de reinas magas en busca de regalos y el tan esperado REENCUENTRO DE AMIGAS (que jolín, cuánto la echábamos de menos). 
Empezaste con fuerza y con ganas de comernos el mundo. Vamos, como se debe empezar un nuevo año. Y también nos devolviste a la buena rutina, cambiando ciertas cosas que no funcionaban y me tenían atrapada. Que bien sienta centrarte y poder avanzar.
Nos llevaste a la capital y pasamos una gran noche entre risas, teatro y descubrimientos. 
Festejamos nuestro patrón y disfrutamos de la pizza de nutella y de otro fin de semana con amigos y aperitivos.
Me empujaste a tomar una gran decisión, de esas que pueden cambiar la vida y, ¿quién sabe? estoy deseando saber si salir de la zona de confort merece tanto la pena como dicen. Desde luego, va a ser una aventura. 
Y por fin volví a la ciudad. A perderme por sus calles y a descubrir lugares que transmiten calma aunque afuera haya mucho barullo.